martes, 14 de julio de 2015

Ahora, la gente común



Desde hace algo más de un año, soy activista a tiempo completo. Es decir, dedico (todos y cada uno de) mis días a buscar y ejecutar iniciativas que espero que conduzcan a que todos vivamos un poco mejor... especialmente los que viven peor y tienen, por tanto, legítima urgencia. “Trabajar por los demás”, como me dijo hace unos días Jose, socialista y el primer alcalde de la democracia de la pequeña localidad aragonesa de Biota.

Hace algo más de un año, dejé temporalmente mi trabajo como científico para poner mi esfuerzo al servicio del cambio social en una herramienta llamada Podemos. He sido eurodiputado durante nueve meses y medio y hoy soy diputado autonómico en las Cortes de Aragón. Ha sido un año vertiginoso y envolvente en el que he aprendido y he cambiado mucho, pero, por fortuna, no tanto como para haber olvidado cómo se ven las cosas desde fuera de este mundo en el que me he metido. Aún puedo, de vez en cuando, dar un paso atrás y mirar los acontecimientos desde los ojos de esa persona que entendía algo de mecánica cuántica pero no mucho del juego de la política.

Desde mi nuevo lugar de activista a tiempo completo, por ejemplo, me preocupan los diferentes sistemas de primarias internas. Pienso y debato a menudo sobre si listas abiertas o cerradas... o si sistema Dowdall; si circunscripción única o autonómica o provincial; si lógica de equipo o lógica de pluralidad máxima a base de candidaturas independientes. Entiendo y comparto que muchos compañeros y compañeras activistas que quieren que su voz se oiga discrepen de sistemas de primarias que dificultan la entrada de independientes en las listas finales y así lo he manifestado públicamente.

Con mis ojos de ciudadano común, sin embargo, lo que más me importa es que los representantes me representen; que sean como yo, que entiendan y vivan mis problemas. Que sean valientes y honestos y defiendan a la mayoría. Cuando vuelvo temporalmente a mi viejo lugar, en el que no entendía de primarias y sin desmerecer la importancia del tema, me pregunto si el debate realmente da para tanto y si no hay otras cosas de las que hablar.

Desde mi nuevo lugar de activista sigo también con interés las diferentes corrientes y sectores dentro de los partidos y me fijo en quién ha firmado cada uno de los muchos manifiestos que van apareciendo por aquí y por allá. Entiendo los puntos de vista de unos y otros, empatizo más con algunos compañeros y compañeras y suscribo algunos textos que —desde dentro del juego político— juzgo importantes o más o menos acertados.

Desde mi viejo lugar de científico teórico y persona de la calle, sin embargo y aunque resulte duro escribirlo, no entiendo por qué toda esta gente tan lista y tan trabajadora dedica semejante cantidad de tiempo y esfuerzo a los culebrones internos cuando hay tantísimas cosas que hacer fuera de los partidos. Con mis ojos de ciudadano común, leo los manifiestos y no entiendo muy bien en qué se diferencian y por qué tanto ruido con ellos.

Como militante informado de Podemos, de nuevo, miro con curiosidad y respeto iniciativas como Ahora en Común y me consta que a muchos compañeros y compañeras les pasa lo mismo. Me agrada ver auditorios llenos de activistas con deseo de cambio y creo que, desde estos espacios, se plantean debates que resultan interesantes para cualquiera que esté metido en el ajo... para cualquiera que esté metido en el ajo, repito. El pasado viernes me vi en directo una buena parte de la asamblea de Ahora en Común y seguí las diferentes intervenciones con atención y fui tomando muchas notas mentales; percibiendo y calibrando los matices.

La persona no militante que aún soy a veces, sin embargo, no entendió muy bien por qué todo el diálogo era tan autorreferente. Entre el aburrimiento y el enfado, el ciudadano que aún hay en mí y que a veces mira por mis ojos, fue comprobando cómo se sucedían los comentarios que hablaban para y sobre los activistas informados de la sala o para y sobre las diferentes fuerzas políticas que estaban allí... o las que no estaban, o las que se les esperaba o no se les esperaba tanto. Que si la confluencia, que si la convergencia, que si la unidad popular, que si un acuerdo de mínimos. El paro, la corrupción, la pobreza energética, la financiación del sistema público de I+D o la reforma fiscal —en cambio— se tocaban tangencialmente o con la punta de los dedos... o ni eso.

Al día siguiente, en el Foro por el Cambio que organizó Podemos en el obrero barrio de Vallecas, más de 2.500 asistentes en 38 mesas adoptaron la actitud dialéctica inversa: se habló de todos los ejes temáticos que definen el presente y el futuro de nuestro país y de nuestra gente y apenas se oyó la palabra Podemos. Se habló de sanidad, vivienda, TTIP, cultura, economía, discapacidad, ciencia o infancia. La mirada, lejos del ombligo, hacia afuera, hacia la sociedad, hacia adelante. El objetivo: escribir, con la participación de centenares de movimientos y plataformas de la sociedad civil, el mejor programa electoral para las elecciones generales. Los ojos del activista y los de la persona de a pie, curiosamente —en este caso— vieron lo mismo.

Volviendo a casa en el tren, repasé la clave que nunca debemos olvidar en este tiempo acelerado: Esto no va de nosotros, no va de las fuerzas o plataformas políticas, no va de los logotipos o las marcas y, sobre todo, no va de los militantes y los activistas. Esto no va de nosotros. Esto va de esa inmensa mayoría de la gente que nunca baja a las asambleas, que no hace campañas, que no milita y no firma manifiestos. Esto va de los excluidos y de los que empiezan a ver el futuro borroso. De todos esos que votaron candidaturas municipalistas pensando que votaban a Podemos... y en el fondo tenían bastante razón. Esto va de los que no entienden la diferencia entre listas abiertas y sistema Dowdall, pero saben perfectamente lo que cuesta llegar a fin de mes, no poder pagar la hipoteca o que el hijo se te tenga que ir a Alemania porque aquí es imposible conseguir trabajo.

Los militantes son —somos— indispensables y es fundamental que estemos motivados. Pero eso se consigue pensando hacia afuera, con los ojos de los ciudadanos no activistas, hablando para y sobre la gente, de sus problemas y de sus vidas... y buscando soluciones. Si no, acabaremos en la autorreferencia de los partidos viejos y no habrán hecho falta tantas alforjas para este viaje.


Artículo de Pablo Echenique (secretario general de Podemos en Aragón)

Ahora, la gente común

¿Desbordando Podemos?



Para impedir que Podemos gane las elecciones ha sido necesario dar un golpe de Estado financiero en Grecia. Ha sido necesario inventar Ciudadanos. Ha sido necesario, también, movilizar un ejército de periodistas y tertulianos para que emprendieran una campaña difamatoria de calumnias, mentiras y bellaquerías dementes. Ha sido necesario que el fiscal del Estado actuara como un mafioso y que el Ministro del Interior actuara como fiscal. Se han abierto falsos expedientes, se han puesto denuncias falsas, se han filtrado datos fiscales infringiendo la legalidad. En fin, no se ha reparado en medios.

En resumen, nuestros enemigos se han tomado a Podemos muy en serio. Los poderes económicos internacionales se han tomado a Podemos muy en serio. El mundo entero se ha tomado a Podemos muy en serio.

¿El mundo entero? ¡No! Una aldea de irreductibles galos resiste ahora y siempre porque lo suyo es resistir. Da un poco igual a qué haya que resistir con tal de resistir. Y así, mientras el mundo de los más poderosos se tomaba en serio a Podemos, un puñado de izquierdistas ha decidido que Podemos es un cadáver político. Si Podemos no ha ganado lo suficiente, o si ha bajado en las encuestas, no es por la miserable campaña de difamación y de calumnias, no es porque hayan inventado C’s, no es por la intervención del fiscal y del ministro, no es por la amenaza de un golpe de Estado financiero. No: es porque Podemos no es suficientemente democrático.

Este increíble diagnóstico ha llevado a algunos viejos y jóvenes izquierdistas a intentar liderar lo que se está llamando un desbordamiento popular de Podemos en torno al lema ‘Ahora en Común’. Contra lo que piensan los poderes fácticos nacionales e internacionales, Podemos no sólo no puede ganar, sino que es una rémora y un obstáculo. Más o menos lo que en Podemos, al principio, se decía de IU, se dice ahora de Podemos. Es más, se diagnostica que Podemos lleva el peor de los caminos: convertirse en una nueva IU esclerotizada, burocrática y antidemocrática. Y para poner remedio a esta inevitable deriva, Ahora en Común comienza, precisamente, por unirse a IU y, nada menos, que a algunos conocidos ex-socialistas.

He leído el Manifiesto de Ahora en Común y está perfecto. Me recuerda mucho, en efecto, al espíritu inicial de Podemos. Eso es lo único que tiene de malo, que es un espíritu inicial. Que para que eso funcionara, haría falta un año de incansables esfuerzos organizativos y, además, me temo que el resultado sería, en el mejor de los casos (y me permito dudarlo), el Podemos actual. ¿Por qué este empeño en volverlo a repetir todo desde el principio? Lo siento, pero a mí no se me ocurre otra explicación que la de cambiar a los protagonistas. Hay gente con mucho afán de protagonismo, es triste, pero es así. Hay muchos para los que Podemos tiene un inconveniente fundamental: que no se les ocurrió a ellos. Una objeción fatal (muy masculina, dicho sea entre paréntesis).

Estoy ahora en un pueblo de Ávila, de esos que votan masivamente al PP. En las últimas elecciones, sin embargo, hubo casi un millar de votos para Podemos. Y todo el mundo sabe lo que es Podemos, aunque sea para ponerlo a parir. ¿Realmente alguien piensa que tiene sentido empezar ahora a explicar que en las próximas elecciones hay que votar a una cosa llamada Ahora en Común o algo parecido? ¿Realmente se enterarán en estos pueblos de Ávila de quePablo Iglesias ha traicionado a los movimientos sociales y que los movimientos sociales han desbordado a Podemos y son ya un clamor popular? ¿Se enterará alguien siquiera de los que no tienen tiempo para pasarse el día colgados de las redes sociales discutiendo con la Inteligencia colectiva? ¿Y eso se va a lograr en el mes de agosto, antes de las elecciones? ¿Y se va a lograr por procedimientos más democráticos, puros e inmaculados que los de Podemos?

Decía Althusser: “Algunos piensan que la ciencia surgirá de la reunión de todos los ignorantes”. Si se reúne a suficientes ignorantes, la verdad emergerá por sí sola. Otros piensan, en el mismo sentido, que si conseguimos reunir en una inmensa asamblea a todos los que llevan treinta años especializados en perder, lograrán explicarnos cómo se gana.

¿Esto quiere decir que en Podemos se está haciendo siempre todo bien? Por supuesto que no. Está claro que se hacen todo el rato muchas cosas mal. Pero eso suele ocurrir cuando se hacen cosas, cuando se hace algo. Ocurre menos cuando no paran de darse lecciones sin hacer nada de nada. En Podemos hacen muchas cosas mal pero hay que reconocer que, por lo menos, hicieron una cosa bien. Una cosa bien, eso ya es muchísimo. Sobre todo, Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias hicieron una televisión. Inventaron un arma, en lugar de un montón de proclamas. Un arma como las del enemigo, muy modesta, pero que dio unos resultados que han conmovido el mapa político español e incluso europeo. Tras el 15M se estaba esperando a alguien que tuviera una idea semejante. Y ellos la tuvieron y lo cambiaron todo. Y por cierto, desde el principio, hubo muchos de esos irreductibles galos eternamente disconformes (estalinistas y trotskistas por un lado y negristas por otro) que no pararon de criticar y criticar que se utilizaran desde la izquierda medios como la televisión, argumentando que eso era hacer el juego al enemigo y perder el tiempo. Pero pelillos a la mar.

Juan Carlos y Pablo no fueron los únicos, por supuesto. Otros y otras inventaron la PAH y ahoraAda Colau es alcaldesa de Barcelona. Por suerte, muchos de los que ahora ponen como ejemplo contra Podemos a Ahora Madrid, perdieron las primarias en Ahora Madrid y gracias a que ellos perdieron, gobierna en Madrid Manuela Carmena. No pongo en duda que la otra lista era magnífica y estaba llena de amigos y amigas míos, pero tampoco pongo en duda que no habría sacado ni un tercio de los votos que sacó Manuela Carmena. Así es que fue Manuela Carmena (sin despreciar una notable colaboración del grupo PRISA) la clave del éxito de Ahora Madrid, y no el método Ahora Madrid que ahora tanto encumbran los que perdieron en Ahora Madrid.

Podemos hizo, sobre todo, una cosa bien. Frente a las tendencias anarcolíquidas del 15M, supo sacar del 15 M lo que ahí hubo de defensa de las instituciones frente al anarcocapitalismo de los mercados. Dio el paso, en suma, hacia las instituciones. Gracias a eso tenemos algo nuevo, que todavía no habíamos ensayado. Se dice mucho que las instituciones son un peligro y que hay que estar en la calle. Sí, y cuando se está en las instituciones hay que seguir en la calle (como se ha hecho en Grecia). Pero conviene recordar que lo de estar en la calle no tiene nada de nuevo. Llevamos dos décadas en la calle. Ha habido años que hemos tenido una manifestación o dos a la semana, una huelga o dos al trimestre. Volvíamos a casa contentos porque habíamos sido muchos y cabizbajos porque no nos habían hecho ni caso. Y así todo el rato. Lo nuevo no es estar en la calle, eso ya lo habíamos probado y lo vamos a seguir probando, por la cuenta que nos trae. Lo que sí que es una novedad es tener diputados en camiseta que son nuestros amigos y amigas. Eso no lo habíamos ensayado aún. Tener una televisión como la que inventaron Pablo y Juan Carlos. Eso no lo habíamos probado. Lo que no habíamos probado, lo que sí que es una novedad, es tener a Ada Colau de alcaldesa de Barcelona. Las instituciones en suma, nunca las habíamos probado. ¿Qué pasaría si empezara a haber jueces de los movimientos sociales? ¿Qué pasaría si, además de en La Tuerka, tuviéramos la posibilidad de intervenir en Telemadrid, en Canal Sur, en TVE? ¿Qué pasaría si tuviéramos policías que en lugar de detener emigrantes, investigaran y detuvieran banqueros? ¿Qué pasaría si nuestros amigos y amigas antisistema empezaran a ser jueces, periodistas, alcaldes, concejales, consejeros?

Todo ello ha empezado, poco a poco, a hacerse realidad. Y a mí no me cabe duda de que el milagro se llama Podemos. Porque fue Podemos quien convenció a los indignados de este país de dar el paso hacia las instituciones. Para eso hacía falta tener respeto por las instituciones. En lugar de clamar contra el sistema parlamentario, gracias a Podemos se comprendió que lo malo de nuestros sistemas parlamentarios no es que sean parlamentarios, sino precisamente, que no lo son, pues son más bien dictaduras económicas disfrazadas de parlamentarismo. Hacía falta comprender que nuestro enemigo no era el parlamentarismo, sino el sistema económico que convierte el parlamentarismo en una estafa. Decía Marx: “un negro es un negro, solo bajo determinadas condiciones se convierte en un esclavo. Una máquina de hilar es una máquina de hilar, solo bajo determinadas condiciones se convierte en capital. En tanto que máquina, ahorra esfuerzos a la humanidad y la libera del imperio de la necesidad. En tanto que capital, alarga la jornada laboral e impone al hombre el yugo de las fuerzas naturales”. No era tan difícil de entender. Y no es tan difícil de entender que lo mismo podría hacerse con nuestras tan vilipendiadas instituciones: un parlamento, es un parlamento, sólo bajo determinadas condiciones se convierte en una estafa, un ayuntamiento es un ayuntamiento, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una cueva de ladrones, un tribunal es un tribunal, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una broma de mal gusto. No se trata, pues, de inventar algo mejor o más lúdico, creativo o transversal que los parlamentos, los ayuntamientos y los tribunales, sino de cambiar sus condiciones. Era este un discurso fácil de comprender y la gente lo comprendió (excepto algunos izquierdistas, por supuesto). No pedimos la Luna, pedimos que este sistema que dice ser un Estado de Derecho sea lo que dice ser: un Estado de Derecho. Esto tiene que ver, desde luego que sí, con saber jugar bien con ciertos significantes vacíos, como dice Errejón. Pero, en su esencia, esto no lo inventó Laclau. Lo inventó toda la tradición republicana. Y en este país lo inventó hace mucho tiempo Julio Anguita. Y lo machacaron. Como ahora están intentando machacar a Podemos. Pero quizás esta vez no lo van a lograr.


Artículo de Carlos Fernández Liria (profesor de Filosofía en la UCM)

¿Desbordando Podemos?

Forniquemos en Común


Hola, respetable y respetuosa ciudadanía. Visto que faltan verdaderas plataformas de empoderamiento ciudadano me he decidido a crear esta. Será un agrupación de electores tan horizontal que cualquier erección no justificada será detectada desde la lejanía... La unidad en la fornicación nos permitirá llegar bien juntos hasta nuestros sillones deseados... El SG será el que la tenga más larga... Éste utilizará su miembro para barrer cualquier indicio de verticalidad que observe en el horizonte... Previamente, por supuesto, se realizarán 22 vueltas de votaciones para determinar si el barrido se ejecutará de izquierda a derecha o por el contrario se hará de derecha a izquierda...

Se realizará también unas primarias en las que todas las listas serán enormes, super abiertas, multi regionales, circunscritamente responsables y un poco ovaladas en las puntas... Las listas serán de cremallera inversa o de botones, según se decida en un referendum treméndamente vinculante que abarcará a toda la comunidad europea... El sistema utilizado para determinar los 3.456 miembros del Consejo Fornicativo y los 1.220 de la Comisión de Guarrerías se realizará siguiendo el sistema VUT (Voto Único Transferible). Los líderes autonómicos y locales se escogerán por sorteo directo, aunque todos tendrán premio...

Todos los cargos erectos podrán ejercer su legislatura un máximo de tres meses y serán relevados de sus puestos por los siguientes en las listas, con el fin de permitir que todos y cada uno de los candidatos pueda calentar el sillón un rato y pueda incluir su experiencia en el curriculum...

Ni que decir tiene que todo el mundo está invitado, sea cual sea su especie, raza, sexo, nacionalidad, religión, estado mental, estado civil, equipo de fútbol, orientación política y signo zodiacal...


Forniquemos en Común
Creado por Rogoyin en Plaza Podemos

viernes, 22 de mayo de 2015


Julian Assange: “Podemos es el primer partido político del siglo XXI”



may 22, 2015 2 Comments


La artillería pesada de los grandes partidos políticos españoles está disparando con toda su potencia contra “Podemos” para frenar su ascenso. Pero, a pesar de ese fuego denso, el nuevo partido resiste. La clave es que Podemos es un partido de nuevo cuño, probablemente el primero nacido con los rasgos del rebelde siglo XXI, en el que los ciudadanos ya no toleran que los políticos se propien del Estado y gobiernen al margen del pueblo. El siglo XXI será el siglo del ciudadano rebelde, como el XX fue el siglo del Estado fuerte.
Julian Assange
Julian Assange

Podemos es importante porque puede alcanzar el poder en tiempo record, subiendo como una exhalación desde la nada hasta el gobierno de una nación como España. pero todavía es mas importante por ser el primer partido político del siglo XXI, el primero que nace y crece al margen de los grandes medios de comunicación, aupado y fortalecido por ciudadanos que se comunican libremente, a través de debates que escapan al control del poder y utilizando redes libres de Internet y teléfonos móviles.

Julian Assange, creador de Wikileaks, aplaudió recientemente, desde su refugio de la embajada de Ecuador en Londres, el auge de Podemos como un fenómeno interesante, en cuanto que “trabaja al margen de la censura de los medios mayoritarios”. Es un buen ejemplo de la fase de la evolución tecnológica en la que nos encontramos, en la que todavía tienen cabida movimientos que se organicen de forma horizontal.

Para Assange, el nacimiento y éxito de Podemos se debe a la democratización del mundo, propiciado por las nuevas tecnologías. Los grandes partidos españoles, a pesar de controlar a los grandes medios de comunicación y de contar con fuerzas impresionantes como el dinero público, los servicios secretos y legiones de asesores, periodistas comprados y servidores de todo tipo, adscritos al Estado, no han podido impedir el crecimiento fulgurante de Podemos, un partido de nuevo cuño, nacido gracias a las posibilidades de Internet y de las nuevas tecnologías de comunicación, que amenaza la hegemonía del PP y del PSOE, dos partidos que en cualquier otra época de la Historia habrían sido invulnerables.

“Estamos viviendo en una fase que genera democratización y muchas más personas están publicando su conocimiento”, explica Assange, aunque alerta que el futuro puede ser muy diferente: “Con el paso del tiempo esta fase de democratización puede dar a una fase de integración vertical, en la que los pequeños medios sean comprados por las editoriales, y estas por las distribuidoras”.

Julian Assange, que cree que Google es hoy el mayor lobby del mundo, más poderoso de lo que la Iglesia nunca fue en toda la Historia, cree que el mundo se está democratizando en contra de la voluntad de los grandes poderes porque en esta fase los poderosos están perdiendo el control de la información ante la enorme masa de ciudadanos que publican su conocimiento y general horizontalidad y democracia real.

Es cierto que Internet está produciendo democracia real y que gracias a la red los políticos y sus aliados poderosos están muertos de miedo, sin atreverse ya a robar como antes, a legislar de manera abusiva y a gobernar sin contar con los ciudadanos. Es justo admitir que gracias a la información que propicia Internet, los poderosos están ahora cumpliendo las leyes y ciñiéndose a la justicia, algo que no hacen por virtud sino por puro miedo a la información y a la reacción de unos ciudadanos que, al estar mejor informados y poder opinar, son mas libres y “peligrosos” y ya no se dejan subyugar fácilmente.

Los partidos políticos del nuevo siglo se parecerán a Podemos, no al PSOE, el PP, IU o UPyD. Serán partidos que conectarán con estados de opinión y que atraerán a muchos seguidores gracias al eco de sus propuestas en las redes sociales y en las comunicaciones horizontales. La gente se pregunta en España por qué Podemos ha conseguido poner en jaque a los poderosos PP y PSOE, dueños casi absolutos del sistema español y del mismo Estado y no lo han conseguido otros partidos con propuestas decentes como Ciudadanos. La respuesta es que Podemos es un partido del siglo XXI, hijo de las redes y sometido a procesos internos horizontales y transversales que propician una democracia participativa desconocida hasta hoy en los partidos, mientras que los otros, aunque sus propuestas e ideas puedan ser acertadas y justas, son partidos clásicos del siglo XX, en realidad ajenos al ciudadano y nacidos como organizaciones verticales en torno a un equipo dirigente, sin suficiente horizontalidad y sin conexión real con el alma y el espíritu de la sociedad.


Fuente:
votoenblanco.com

martes, 19 de mayo de 2015

Antes de la riada



El Gran Wyoming


Este será el último artículo antes de las elecciones.

No soy objetivo ni lo pretendí nunca. Mis artículos están en la sección de opinión. Cuando alguien, lo que ocurre con frecuencia, me dice que no soy neutral, que mis opiniones están escoradas a la izquierda, siempre pienso que estoy delante de un imbécil. También sé que si se lo digo le voy a dar el detonador que esperaba para contarme su vida y, sobre todo, lo que piensa de mí.

Llevo aquí sesenta años recién cumplidos y conozco muy bien el esquema de funcionamiento de la mente facha basado en la amoralidad, en la total falta de empatía y en la creencia de que los privilegios que ostenta la clase dirigente y las desigualdades sociales no son producto de un sistema injusto, sino un designio divino que premia al pueblo elegido y le da, como en el Antiguo Testamento, poder para pisotear al de abajo, la chusma insolente que algún día creyó que los eslóganes de campaña o los artículos de esa Constitución, tan hermética e intocable como protocolaria, eran de obligado cumplimiento.

Esa mentalidad está fielmente ejemplarizada en el líder indiscutible de la nueva derecha, don José María Aznar, al que sacan de vez en cuando del cuarto de banderas para que ilumine las mentes de los seguidores de la España eterna. Después de escucharle este fin de semana en un mitin de campaña, un dirigente madrileño del PP afirmaba: “¡Es que te vas a comer con más ganas!”. Claro, escuchar a Aznar y recuperar la sensación de privilegio eterno del que disfruta la élite es todo uno. Lo malo es que se comen España, es tanto el amor que la tienen que se la zampan sin contemplaciones dejando el hueso pelado y listo para hacer un buen caldo, que es la parte que le toca al pueblo soberano.

Es inútil intentar razonar, exponer datos, revisar la hemeroteca, porque obviamos los designios de la Providencia. Para ellos, tener que dar explicaciones es un acto de condescendencia, rebajarse.

En esa intervención de este fin de semana, el gran líder de la derecha española retaba a los presentes a que exhibieran una sola ocasión en la que la candidata a la Alcaldía de Madrid por su partido, Esperanza Aguirre, hubiera insultado a alguno de sus rivales. De poco sirve argumentar que “hijo de puta” es para muchos de nosotros un insulto, improperio que dedicó Esperanza,la dueña de Pecas, tanto a un compañero de partido en la lucha que llevaban para hacerse con el control de Caja Madrid, como al concejal que se presentó en su despacho en la sede de Génova para denunciar la existencia de la trama Gürtel, trama que sin recato alguno afirma haber descubierto ella.

Yo estoy de acuerdo en que debe ser así, la descubriría antes que nadie, porque delante de sus narices se firmaron decenas de contratos por la vía del chanchullo y todos pillaban su cacho, menos ella. O no se enteraba, o la tomaban por tonta, con lo que se ahorraban su parte del botín, pero en ambos caso el diagnóstico es el mismo. Yo creo que sí se enteraba, de ahí pilló el resabio de huir de la policía cuando te echa el alto, no creo que llevara un alijo en el maletero.

El problema es que cuando comentó el latrocinio colectivo que llevaban adelante sus compañeros, la trama ya estaba en boca de todo el mundo, también en los papeles que instruía el juezGarzón, caso que le costó una inhabilitación que no es más que un aviso de navegantes por si a algún otro juez se le ocurre meter las narices donde no le llaman. Pero, sin duda, más que estos cariñosos apelativos dedicados a sus colegas, el insulto más reiterado, y que sólo puede ser producto de una amoralidad patológica, es el que dedica a la inteligencia de los ciudadanos en la mayoría de sus intervenciones públicas. En esa onda, con la que tiene en casa, no se le ocurre otra cosa que cuestionar a su rival Carmena por las actividades empresariales de su marido. Ya sabemos que cuando este tipo de argumentos se hacen contra ellos se califican de machismo porque, como en el célebre caso de Ana Mato, ninguna mujer debe ser responsable de las fechorías que cometa su marido, aunque estén en régimen de gananciales y lo que “sirle el baranda se lo pula la colega”.

Claro que, desde la óptica de la derecha tiene su sentido porque al marido, el cabeza de familia, no se le debe preguntar de dónde saca el parné, no sea que se moleste, dé un portazo, y se tire varios días sin aparecer por casa.

Todos los días vienen vírgenes al mundo, del mismo modo que van al matrimonio. Por las noches se les aparece el ángel de la guarda en sueños y les hace un delete cerebral de fechorías y malas prácticas, evitándoles así la pesada carga de la acumulación de daño infligido. Esa absolución endocrina les permite exhibirse en sus mítines como el paradigma de la honradez, salvo por alguna cosilla sin importancia, o como regeneradores, último bastión y salvaguarda de la democracia, mientras promulgan leyes represivas que aniquilan la esencia del Sistema.

Los artífices del milagro económico español que nos ha traído hasta aquí siguen intactos, incólumes, saludables, inmaculados y listos para salvar de nuevo a España de posibles aventuras extravagantes que conducirían nuestra patria por los procelosos mares del totalitarismo bolchevique. Ya dijo la condesa antisistema que si ganaban los de Podemos, estas serían las últimas elecciones que tendríamos en libertad. Para ellos la libertad consiste en la anulación del Estado, en la abolición de los controles administrativos, en la aniquilación del intervencionismo regulador de las operaciones especulativas. Para ellos la libertad es el derecho incuestionable de la élite a entrar a saco en el patrimonio público para convertirlo en activos de las empresas que, gustosamente, se prestan a mejorar la economía, a colaborar con la Administración para poner a su nombre lo que antes era de todos.

Para ellos la libertad es el derecho a seguir bailando zapateaos sobre las fosas comunes.

Un grupo de corresponsales extranjeros manifestaba el otro día su sorpresa por que en España no hubieran surgido, como en otros países de la UE, partidos xenófobos, de extrema derecha. Aquí es difícil que cuajen esas formaciones porque no tienen espacio. Ese espectro está perfectamente cubierto por los que ya nos gobiernan, lo saben ellos y los que les votan. En la España de las montañas nevadas, nunca dejó de amanecer. De ahí el fracaso de Vox.

Una puntualización casi innecesaria: creo que se usa el término xenofobia, odio al extranjero, interesadamente, para no interferir con las conductas a las que obliga la religión que dicen practicar, porque no tienen nada contra los extranjeros rubios, de buen ver y con cuentas corrientes saneadas. Es contra los pobres contra los que va la cosa. Tenemos que hablar de “aporofobia”. Es a los pobres a los que no dejan atravesar las fronteras. Son los pobres los que remueven su sistema nervioso involuntario provocándoles la náusea.

Bien, ya he dicho que muy neutral, muy neutral, no soy. Yo tengo otros reflejos condicionados y, a mí, la náusea me la provocan ellos, qué le vamos a hacer si yo nací en el Mediterráneo. Bueno, en la Meseta, pero me eduqué en la fobia a la injusticia y a la crueldad con el indefenso. En la rabia contra los señoritos que se ríen “del tonto del pueblo”, del servicio, del empleado. También con la edad ha ido creciendo mi desprecio a los que les amparan, les cobijan y encubren desde los medios de comunicación, y los que se engañan con argumentos estúpidos para encumbrarles con su voto. A ellos les debemos seguir pagando, a costa de nuestra salud y nuestra educación, sus devaneos delincuentes.

Haremos cola para meter nuestra papeleta en la urna que, gracias a sus incondicionales, a sus votantes, es como decir nuestra moneda en su hucha.


Bienvenidos a la Fiesta de la Democracia, que no es una fiesta, es un fiestón, es una orgía.

domingo, 3 de mayo de 2015

PODEMOS con resaca: Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud






Las ganas que tienen algunos, a izquierdas y a derechas, por enterrar a PODEMOS, son directamente proporcionales a la capacidad que ha tenido PODEMOS para “patear” el tablero político tradicional y poner en jaque la estabilidad que había caracterizado el sistema partidista en el estado español desde la irrupción arrasadora del PSOE en 1982. Los obituarios sobre PODEMOS se han disparado en la prensa estos días, y prácticamente se da por finiquitado a este proyecto político antes incluso de que haya podido empezar a salir, realmente, de la incubadora.


Es obvio que, tras la etapa inicial, el adversario movió sus fichas y puso a PODEMOS a la defensiva. La campaña mediática y política de las diferentes fuerzas del sistema en contra de PODEMOS ha tenido éxito y ha dado sus resultados, no lo vamos negar. Las expectativas generadas por PODEMOS se han visto frenadas en seco y aquello que en algún momento pareció más que posible, una victoria electoral de PODEMOS en las próximas elecciones generales, se antoja ahora un escenario mucho menos probable que hace apenas tres meses.


El juego de las encuestas ha desempeñado en esta dinámica un papel central. Metroscopia hizo bien su trabajo. Su primera reacción fue intentar ocultar la realidad hasta tener la capacidad de poder dar una respuesta consecuente a la misma (por primera vez desde que hacen su serie histórica se dejó de publicar en El País en papel una encuesta mensual justo cuando PODEMOS daba por primera vez primero en intención directa de voto). La estrategia a seguir desde aquel momento parece ahora clara: hinchar sobredimensionadamente las expectativas de PODEMOS en las siguientes encuestas, para luego ir paulatinamente “pinchando la burbuja”, a una misma vez que alzaban, mes a mes, a Ciudadanos en las mismas (fue, de hecho, una encuesta de Metroscopia, en Febrero, la que dio el pistoletazo de salida a la campaña pro-Ciudadanos en los medios). Desde aquella encuesta, que situaba a Ciudadanos, sin que aquello hubiera quedado recogido previamente en ningún otros escenario demoscópico, en un 12,2%, los medios realizaron una campaña de grandes dimensiones para visibilizar la opción Ciudadanos entre el electorado. Un mes después, en Marzo, Ciudadanos había subido 6,2% (18,4%) y PODEMOS entraba en caída libre perdiendo 5,2% en un mes.


Todo ello suma y hace daño. De hecho, dentro de esta estrategia destinada principalmente a frenar el ascenso de PODEMOS, es bastante probable que pronto empecemos a ver a Ciudadanos situado como primera fuerza en las encuestas y a PODEMOS en cuarta posición, tal y como ya apunta, esto último, lo publicado por la Cadena Ser esta misma semana. El efecto “poder”, es decir, las expectativas de ser un voto útil capaz de decantar el resultado hacia la fuerza ganadora de las elecciones, se trasalada así desde PODEMOS a Ciudadanos, y el partido de los círculos pierde con ello una de las principales razones que podía impulsar a un parte de la población a votarlos. Son tendencias psicológicas que los asesores políticos que orbitan en torno a los grandes partidos conocen bien. Había que desconectar la alianza emocional que PODEMOS había establecido con quienes veían la política con el desencanto propio de quien piensa que no existe una alternativa al dominio de los grandes partidos, pero, sobre todo, había que desconectar la alianza emocional entre PODEMOS y quienes querían de manera urgente un cambio en la realidad institucional española. Ambos objetivos han sido logrados en estas últimas semanas. De ahí el pesimismo generalizado en el que ahora parece haber entrado la “opinión pública” respecto de las opciones a futuro de PODEMOS.


Un ambiente político inducido que ahora los grandes medios, y parte de los adversarios políticos de PODEMOS por la izquierda, pretenden utilizar para dar por finiquitada a la formación morada. Como si las condiciones que hicieron posible el espectacular ascenso de PODEMOS en el escenario político español hubieran variado tanto como para que tal cosa fuese posible. No entienden que el principal problema de PODEMOS en estos últimos meses ha sido PODEMOS mismo. El problema ha sido, en resumen, el estado de “resaca” post-borrachera que ha vivido PODEMOS en los últimos meses. Abrumado por el éxito y el manejo de las expectativas, con fuerte dolor de cabeza por los efectos postreros de tal borrachera, tuvo que afrontar toda una serie de brutales ataques, políticos y mediáticos, desde una posición complicada y, como consecuencia del cambio de estrategia del régimen, con un cierto inmovilismo en sus estrategias y tácticas que le ha puesto en bandeja el efecto “desinfle” al adversario. PODEMOS pasó casi de un día para otro a estar a la defensiva y más centrado en desmentir acusaciones o en no parecer demasiado “peligroso” para el funcionamiento normal de la vida política cotidiana, que en profundizar el camino que los trajo hasta donde se encontraron en ese momento.


La ilusión que PODEMOS despertó en el electorado español era una ilusión de cambio rupturista, una ilusión de un partido nuevo, fresco y joven, desvinculado de los tradicionales males que estaban asolando a los principales partidos, capaz de regenerar la vida institucional española, pero, sobre todo, capaz de desafiar la corrupta y corrompida maquinaria electoral que tanto PSOE como PP han representado durante las últimas décadas. Un partido que había surgido del espíritu del 15-M para poner entre paréntesis el funcionamiento de todo el régimen político, institucional y económico que habíamos heredado de la transición, cuestionando de base su existencia. Un partido con promesas constituyentes destinadas a extender el funcionamiento de la democracia hacia aquellos espacios que ahora le son vetados: la calle y las propias instituciones hegemonizadas por el bipartidismo. Un partido que a una misma vez que azotaba con fuerza el cáncer de la corrupción prometía la recuperación de los derechos sociales y laborales perdidos, así como poner la decisión de la gente en el centro del debate político, costara lo que costara, y cayera quien cayera. Un veradero desafío para el régimen del 78 al que estaba decidido a impugnar de cabo a rabo. Un partido, en definitiva, que no solo quería romper con el modelo institucional vigente, sino, sobre todo, con sus consecuencias más evidentes. Y estas eran tanto políticas como socio-económicas. De eso trataba aquello de la centralidad del tablero.


Conectar con el sentido común de la gente no era otra cosa que haber tenido la capacidad de poner nombre y propuestas a una serie de malestares y demandas que estaban ya presentes en los imaginarios colectivos de la sociedad española de estos tiempos, expresado desde la doble dimensión institucional y socio-económica. El problema de la corrupción y la usurpación de la democracia por parte del bipartidismo, sí, pero también las demandas de una vida digna y unas condiciones sociales necesarias para la misma. La crítica a la corrupción podía ser compartida por prácticamente el 100% del electorado potencial, pero solo aquellas propuestas en defensa de los derechos sociales y laborales, los servicios públicos, y en definitiva, de crítica a las consecuencias materiales que las políticas impulsadas en los últimos años por PP y PSOE en las institituciones estaban teniendo en la vida de millones de personas, podían establecer una verdadera diferencia entre lo que PODEMOS proponía como alternativa política y lo que otros nuevos proyectos podrían acabar poniendo encima de la mesa o lo que estaban ya tratando de hacer los propios partidos tradicionales cuestionados de forma generalizado por la sociedad. No bastaba entonces con quitarse la corbata, y mucho menos basta ahora con eso.


Pero el régimen cuenta con muchas armas para su defensa. Buscaron y rebuscaron argumentos con los que poder atacar a PODEMOS. Crearon de manera artificial supuestos escándalos de corrupción que implicaban a los principales actores de este partido y los difundieron por tierra, mar y aire. Redoblaron sus ataques al gobierno venezolano y lo convirtieron en un tema de debate interno capaz de presentar a PODEMOS como la expresión interna del denostado gobierno bolivariano, e hicieron creer a una parte del electorado que PODEMOS pretendía reproducir el modelo venezolano en el estado español, con las consecuencias que eso podría acabar teniendo: violencia, colas, pobreza, inseguridad, y todo lo que han sido capaces de hacer creer a la gente que es responsabilidad directa, en Venezuela, del modelo político bolivariano. Unieron ambas campañas mediáticas en una misma dimensión política, y, con ello, lograron sacar a PODEMOS de su espacio natural como fuerza de ruptura y situarlo en un espacio, político y mediático, donde los debates y los planteamientos discursivos eran manejados al gusto por el adversario. Y a PODEMOS todo ello, como hemos dicho, lo pilló en plena resaca post-borrachera. Los resultados en las elecciones andaluzas, sumado a lo comentado antes sobre las encuestas, ha hecho el resto.


PODEMOS se ha visto superado durante meses por la nueva situación y ha respondido a la misma de forma lenta, torpe y sin apenas tener una capacidad de respuesta real ante tales desafíos. En lugar de profundizar en su discurso tradicional sobre Venezuela (“Queremos hablar de lo que pasa en el estado español, no de lo que ocurre a miles de kilómetros”), hizo concesiones y comenzó a condenar las detenciones de golpistas en Venezuela, lo cual no solo no le ha servido para que no le hayan seguido atacando por ese mismo espacio, sino que ha acabado por debilitar su imagen de partido coherente y consecuente con sus ideas rupturistas, a una vez que el gesto se ha podido interpretar más como un cambio de discurso con tintes electoralistas que como un verdadero alejamiento de sus dirigentes respecto de lo que Venezuela representa en el imaginario colectivo español (algo, por otro lado, difícil de lograr teniendo en cuenta la cantidad de documentos de todo tipo que vinculan a los principales dirigentes de PODEMOS con Venezuela). En lugar de profundizar en su discurso contra-hegemónico y de cuestionamiento generalizado de todo lo que representa el régimen del 78, ha cedido en sus planteamientos en cosas tan elementales como el derecho a decidir de los pueblos o la defensa cerrada de la necesidad de un proceso constituyente que permita remover las bases de tal régimen. En lugar de centrar su perspectiva en la defensa de los intereses de la clase trabajadora (principal afectada por las consecuencias nefastas de las políticas de austeridad), ha compadreado con un aventurismo centrista e interclasista a través del cual tratar de llegar a los votantes más identificados con la política tradicional y sus identidades, equiparando la realidad del pueblo trabajador con la de otros sectores sociales tradicionalmente escorados a la derecha: clases medias acomodadas y la pequeña y mediana burguesía consolidada. Sectores que aunque es cierto que se han podido ver afectados por las consecuencias de la crisis, siempre tenderán más a conservar sus posiciones sociales e individuales en la realidad social y política que a echarse en brazos de proyectos de cambio rupturista.


Apostar por el discurso populista amplio y transversal podía ser efectivo mientras no existieran otras alternativas de “cambio” que fuesen capaces de movilizar esos deseos de castigar las corruptelas del bipartidismo, o el enquistamiento de la democracia en las instituciones hegemonizadas por el mismo, en su favor, planteando una apertura democrática contra tales malestares a una misma vez que estabilidad en el modelo econónico e institucional propio del régimen del 78. Todo ello quedó desmontado con la irrupción inducida de Ciudadanos. Pasamos entonces de un escenario que, desde esas claves, podía aventurar una ruptura con las élites gobernantes de forma inmediata, capaz incluso de ganar las eleccions generales de finales de año con un apoyo masivo de sectores muy diversos de la sociedad, a un escenario donde las posiciones de clase vuelven a tomar un aspecto central en la disputa política. Los sectores conservadores de la sociedad ya tienen su PODEMOS de derechas. PODEMOS siquiera puede hacer gala ya de su defensa de los servicios públicos como elemento aglutinador de voluntades populares interclasistas, porque, pese a los ataques sufridos, la mayoría de la población sigue teniendo acceso a una educación y una sanidad pública de forma generalizada, e incluso esos sectores más conservadores disponen de lo privado para poder compensar la pérdida de calidad en lo público. No se puede esperar que estos sectores conviertan en central en el debate político un problema que no les afecta de manera inmediata, y en algunos casos es posible que no les afecte nunca. Que la mayoría esté de acuerdo con que deben existir servicios públicos de calidad, no quiere decir que eso sirva como catalizador de sus movimientos políticos y electorales. En este contexto existen para ellos otras preferencias, y esas preferencias están siendo copadas en este momento por el discurso y las propuestas de Ciudadanos. PODEMOS, por tanto, se está viendo obligado a tener que volver a resituarse en el escenario político.


Pablo Iglesias parece haberlo entendido bien y ahora está de nuevo ejerciendo como Secretario General en una dirección adecuada. Su artículo “la centralidad no es el centro”, su paso por La Sexta Noche con un discurso centrado principalmente en resaltar la vertiente socio-económica del conflicto social y político vigente en estado español y su posición sin dudas del lado de quienes peor lo están pasando, su intervención, megáfono en mano, durante este pasado 1º de Mayo en apoyo a los trabajadores en Huelga de Movistar, entre otros hechos, así lo muestran. Parece que Pablo ha entendido que para ganar las elecciones ya no vale con aspirar a ocupar la centralidad del tablero, sino que es necesario construir hegemonía entre los de abajo, acercarse más a los elementos tradicionales de los proyectos de izquierdas, extender su influencia entre aquellos que están siendo víctimas directas de las políticas de austeridad. En el binonio economía-instituciones, sin dejar de lado la crítica a la corrupción y a la pérdida de democracia, el líder de PODEMOS parece ahora estar volviendo a apostar con claridad por entrar de lleno en el debate ideológico sobre las cuestiones económicas y sus consecuencias en la vida de las personas, diferenciándose con ello de los yogures azul, naranja o rojo que representan PP, Ciudadanos y PSOE, y su defensa de la austeridad y las políticas de “estabilidad”. Ese y no otro debe ser el camino que abra a PODEMOS de nuevo la puerta de la victoria electoral.


Si sigue por ese camino, una vez resituadas de nuevo las piezas en el nuevo tablero político, estoy seguro que pronto volveremos a ver que PODEMOS sigue muy vivo, y, en consecuencia, podremos cantar aquello de “no estaba muerto, estaba de resaca”. Porque las condiciones que hacen posible que PODEMOS sea una realidad electoral no han variado ni un ápice desde su irrupción, al revés, se han profundizado y agudizado. Y en última instancia, además, Ciudadanos más que un problema para PODEMOS es una bendición: le ahuyenta el problema de los arribistas pre-corruptos que era uno de los principales peligros que orbitaban en torno a PODEMOS tras las europeas. Si Ciudadanos hubiera existido antes, entre otras cosas, por ejemplo, PODEMOS tendría sus propias candidaturas a las municipales. Además, profundizando en esta estrategia actual, antes o después provocará que se retroalimente su propia fuerza electoral dentro del eje que, a mi juicio, será central en la batalla política durante los próximos años: fuerzas del régimen (y pro-austeridad) vs fuerzas del cambio.


Tal vez no sea en este ciclo electoral en marcha, algo que en algún momento pareció posible, pero será, salvo que la economía dé un vuelco espectacular y el sistema se auto-regule, cosa que, en vista de los resultados de las políticas neoliberales aplicadas en cualquier parte del mundo en circunstancias semejantes a las actuales en el estado español, no parece posible. PODEMOS debe ahora ajustarse al nuevo contexto y no desesperar. El momento tal vez ya no sea necesariamente ahora (ojalá lo fuera), pero sigue habiendo una puerta abierta a un momento que puede ser a corto, medio o largo plazo, y no tiene pinta de que se vaya a cerrar. Pablo Iglesias, si sigue por este camino, los llevará a ganar. Syriza tampoco ganó al año de irrumpir en la vida política griega. Pero al final ganó.


Que tengan cuidado los que ya los dan por muertos, no vayan a tener que acabar cantando aquello de “los muertos que vos matásteis gozan de buena salud”.


PODEMOS con resaca: Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud

Monedero


                                         Monedero.:http://blogs.publico.es/rosa-espinas/2015/05/03/monedero/